Hace una semana, escribí una crítica a la industria del cine mexicano. “Sobre la costumbre de no estar”, le puse – era mitad rant, mitad autoexposición. Fungió como réplica hacia los textos que dieron cierre a mi semestre pasado, pues estoy cerquísima de acabar este. “It ‘s like poetry… they rhyme”, diría George Lucas. Viejo payaso.
Fue pensado en contraste a artículos como “Poder”, escrito el 2 de diciembre de 2024, probablemente a las dos de la mañana, desde absoluto control narrativo disfrazado de vulnerabilidad. No le resiento nada al Ramón de entonces, pero la verdad es un texto tetísimo. Decía que había aprendido a dejar ir el control, como si fuera cuestión de tenerlo, o no. Igual no importa: eso era una vil, vil mentira.
Ya escribí tres textos la anterior semana, cada uno como radiografía más o menos precisa del Ramón sobrante tras el colapso de su sistema de defensa. El primero es mi diagnóstico, el segundo mi lucha, y el tercero mi Tratado de Versalles: un “no necesito control cuando tengo verdad” empaquetado en chistes escatológicos. Este es el cuarto de esa saga, y sinceramente no sé qué es. Confesión, quizás. El retrato de conciencia más libre de pompa que se me ha ocurrido.
Me construí alrededor de ser difícil de sostener, pues casi nadie de mi edad lo logró. He escuchado “él es listo, estará bien” más veces de las que recuerdo… y aunque sea cierto, eso no mata todo lo que callé. En la prepa, cuando frecuentaba a mis amigos locales, quería decirles: “Me han ayudado a vislumbrar quién debo de ser. No se vayan, aún”. Hoy, sin espejo claro a la vista, a veces sólo deseo que mis actos de presencia emocional no fueran tan pasados por alto. O mejor aún, que alguien diga: “Aquí estoy, completo. Hola”. Sería increíble.
Cansa sostener silencios con lenguaje propio. Cansa proteger mi esencia al ser interpelado, y me duele ver lo absurdo en ese reflejo involuntario. ¿Cuándo aprendí a hacer eso? ¿Será que tanto ruido universitario me acostumbró a defender mi marco mientras todos desechaban el suyo? ¿Cuándo juzgué fluidez como inconsciencia? ¿Cuándo fue que tuve razón? Me sé más grande que mis defectos, por tanto, eso debió de suceder al menos una vez.
Desconozco si este artículo sea parte de una solución, probablemente no. Pero igual debe existir, al menos como constancia de una mente que no se rinde. Tal vez también escribí esto desde el control – no me importa. Si estoy equivocado, que por favor quede registro de ello. A mí me basta con ya no quedarme callado.
Sin promesas ni arrepentimientos, me entrego al futuro. Bye.