“Al final, todos nos hacemos viejos”, le dicen a Sebastián. No se cumplía ni la semana tras la muerte de su abuelo.
Al quinceañero se le juntaron varios duelos. Uno trazable e inmediato… los demás, menos fáciles de tratar. ¿Cómo disminuyes el pánico, al borde de la pubertad, cuando tanto que conoces – tu escuela, tu familia extendida y demás instituciones que se esperaba que amaras – parece estar muriendo?
Ciertamente no lo hubiera verbalizado así, aunque no hacía falta. Los ojos vacíos alrededor suyo, junto con las palmadas protocolarias, le indicaban que ya era hora de partir. Al vacío tampoco estaba saltando: una nueva institución lo esperaba.
En el velorio, ve muchas personas. Reconoce menos de 6. Dentro de ellos, un… ¿primo? ¿familiar político? ¿tío joven? No le da muchas vueltas. Solo sabe que su congénere está solo, sentado en una banca medio apartada, y que es de las pocas personas ahí cuyo saludo recibe con genuino gusto.
Se le acerca. “¿Cómo estás? Mi más sentido pésame”, bla, bla, bla. Después, se sienta con él. Después, silencio.
Sebastián lo rompe, sorprendido de la confianza que le inspiró.
I. IRA
– ¿Tú tampoco sabes quiénes son?
– No. -ríe- ahora que lo pienso, para nada.
Deja otro espacio de silencio, y decide continuar.
– ¿Cuántos años tienes?
– Veintidós. ¿Tú?
– Quince, recién cumplidos.
– ¿Cómo la llevas?
– Me cambio de colegio en nada y mi abuelo se acaba de morir. Ah, mi chihuahua igual.
– Suena duro. -dice el hombre, reconociendo algo suyo dentro del tono del adolescente- El cambio puede venirte bien. ¿Conoces gente de la nueva escuela?
Sebastián, emocionado por la aparente comprensión en sus palabras, se deja ir.
– No, aunque tampoco me perderé de mucho. La otra vez, me puse a pensar y caí en cuenta de que llevo dos años sin salir con nadie de mi salón. Contaría unos quinces a los que fui, solo que decidí irme a las 10 de la noche. No parezco ser muy popular ni en fiestas ni en funerales.
Ambos se carcajean.
– ¿Entonces, nada de amigos?
– Tengo la pésima costumbre de llamar “amigo” a cualquier tarado que más o menos me aguante. Pero en el sentido estricto, no.
– Único y diferente, ya veo.
– Tampoco -ríe- tampoco. De hecho, me caen mal esos weyes.
Silencio.
– Alguien si me entiende. O me quiere entender.
– Justo cuando te vas.
– Si. Y soy el único que se va. Todos los demás parecen estar gustosos de seguir tragando puta mierda.
– ¿En qué colegio estás?
– En el Fray Servando.
– Déjala que se entienda con ellos. O sea, si ves todo jodido, sálvate tú. Ningún sentimiento bonito va a detener esa podredumbre.
II. NEGOCIACIÓN
“¿Déjala?”, pensó Sebastián. ¿Cómo sabe que habla de una niña? ¿Cómo acertó?
– ¿No te estarás proyectando?
– Mira… tal vez debas vivir eso por tu cuenta, solo acuérdate de mi pronóstico.
– ¿Pronóstico? ¿Eres oráculo, o qué?
– No, solo soy la única otra persona en este funeral que no conoce a nadie.
Se ríe de su propia oración, exactamente como lo hizo Sebastián con la suya.
El adolescente, bien advertido de las similitudes entre ellos, entra en estado de alerta. No puede acusarlo de nada, ni acuñarle la descabellada identidad de la que empieza a sospechar – solo puede preguntar.
III. CONSUELO
– ¿Y tú qué? ¿Ya lo resolviste todo?
– Híjole… claro que no. Si salió tan natural el consejo, es porque los años me dieron la razón y el lenguaje, palabras exactas. Eso no quita que dolió, ¿sabes? Ni que te vaya a doler.
Silencio absoluto. Sebastián pensó en correr, en gritar, en hacer cualquier cosa. Sin embargo, justo como ya acostumbraba, se contuvo hasta el hueso. Aprovechó para calibrar sus siguientes preguntas.
– ¿Qué haces aquí?
– Mi situación actual me recuerda a tí. No al de 18, recién graduado de la prepa, ni al de 20, perdido en los primeros semestres de carrera. Siento que todo está muriendo de nuevo, y quería ver cómo la estás pasando. Los recuerdos no me fueron suficientes.
– ¿Puedo saber más?
– No. Solo debo convenir que, a pesar de estar menos jodido, me siento igual o más triste que tú. Y algo en tu tono, por más insufrible que sea, me dio justo lo que venía a buscar.
– ¿Claridad?
– Esperanza.