Por partes, que no me queda tiempo:
MARCO TEÓRICO
Desconozco si esto afecta a otros. Pero sucede que, al primer instante en que articulo una inconformidad, bosquejo un remedio para la misma. No parezco poder evitarlo. Es como si cada célula de mi mente se entercara, y decidiera que mi valía es inseparable de mi facultad autosuficiente.
Soy todo menos perfecto, entonces los primeros drafts del remedio siempre resultan caóticos. Pero más temprano que tarde – pon tú, a las 16 horas, la situación deja de ser ilegible para convertirse en solo una serie de variables. Nunca soy 100% preciso, pero tampoco fallo del todo. Podría decirse que, al generar “mapamundis” para la resolución de mis problemas, soy una convincente versión tercermundista de Ptolomeo.
En otras palabras, me considero un buen teórico, así como también defiendo la utilidad de serlo. Gran orgullo me generan mis videos, por poner un ejemplo. Todos los que he creado son una fiel extensión de mí mismo, y no habrían podido ser, con defectos incluidos, si no entretuviera el proceso mental que acabo de describir.
Sin embargo, el terreno del trabajo es vastamente diferente al terreno personal. El primero está hecho para ser medible. Las métricas arrojadas por tu desempeño son reflejo directo de lo que debes de mejorar, entonces no hay pierde. Pero el segundo… bueno. El segundo hace que me cuestione si vale la pena hacer exceles chafas sobre cosas difíciles de sistematizar, como relaciones interpersonales.
Para ejemplificar, mencionaré algo vergonzoso: mis mapas de gente. Dejaré que se los imaginen. Son extraños, ofensivos, solo existen en mi cabeza… y sirven. Resultan buenos al identificar la trascendencia, escasa aunque existente en vínculos actuales. Pero les falta corazón – fallan en legitimar aquella faceta presente muy dentro mío, dispuesta a disfrutar de los demás sin preocuparse por su lugar en mi vida. Eso es razón suficiente para no tomarlos en serio, o para mínimo añadirles topografía.
Resumen: debo cambiar algo. A pesar de reconocer el valor de lo que he logrado, continúo viendo serias deficiencias en mi práctica. Siguiendo con las analogías, estoy muy lejos de ser un explorador de la talla de Cortés. Vaya, ni a Farfán de los Godos llego, y aún así quiero descubrir América.
SALIENDO DEL PUERTO
Al inicio, pensaba que “descubrir América” se trataba sólo de relaciones. De saber comunicar mis sentimientos al interlocutor que lo ameritara. No obstante, conforme conecté más puntos, di con que mi trabajo también está relacionado con esa abstracción.
Reflexionaba yo: “¿Qué calidad puedo producir, si no estoy dispuesto a escribir para hacer sentir?” “¿Cómo podría destacar entre tantas propuestas, si no es por mi capacidad de reconciliar lo técnico con lo humano?”
Eventualmente, “América” tomó forma clara: la de una vida en donde haga constante justicia a mis anhelos, tanto dentro como fuera del guion. Por consecuencia, el asunto dejó de ser sobre descubrimiento, para volverse sobre vivir el viaje con calma. Una interacción irrelevante a la vez, un pésimo artículo a la vez, y un deseo mal expresado a la vez.
Colón nació en pelotas, no en armadura.
¿Y LUEGO?
A priori tenemos la cimentación del proyecto que dará forma a todo lo que acabo de escribir. Después, habré de continuar cerrando el espacio entre lo que los demás deben saber, y lo que digo.
Terminemos con un mensaje hacia el mundo:
Si bien vivo en perpetuo movimiento, aún me falta aumentar el volumen de mis pasos. Les pido solo sacar conclusiones de lo que escuchen. Los silencios son indicios, más no sentencias.
FIN